martes, 18 de octubre de 2016






Quiero pedirte algo 
que sé que podrás cumplir a la perfección.


Hace casi cuatro meses, tiempo más que suficiente
(aunque en verdad desconozco los trámites para llegar allí)
y razonable para pensar que ya la has visto,
que ya se te ha pegado si ha reconocido en tus manos
un atisbo de las mías.

Ella es tan asustadiza, cualquier cosa podía 
darle miedo, lo más tonto provocaba algún requiebro
y se refugiaba en nosotras. Un resorte y ya la tenía encima,
aferrándose fuerte a mis brazos.


Si la has visto y está contigo, todo será fácil.


Yo sé que tú no la dejarás, yo sé que te gustaba;
que te pareció graciosa y tan bonita cuando de pequeña
con apenas tres meses y medio te la presenté.


Quiero pedirte que la protejas,
que la acaricies; que si tenéis por ahí comida
la premies de vez en cuando si responde a tus órdenes.
Ella es lista y zalamera. Comprenderá en seguida qué 
quieres que haga o que no.
Aprende rápido, además ya no es pequeña, 
tiene mucho aprendido y aunque tú, desgraciadamente, 
no la pudiste conocer ya de mayor, te aseguro
que es un primor, educada, muy cariñosa y 
equilibrada. Ahora mucho más porque estará
sin sus últimos achaques, ya libre y curada de todo.


Dará gloria verla, me imagino.


Querida madre, 
es tan duro escribirte esto
sin que mis lágrimas recorran 
mi rostro.
Llevo tantos días de dolor callado
sonando como un claxon roto que no para.
Siento tanto estar aquí escribiéndote esto
para que mi alivio aparezca siempre unido a ti y a ella:

dos partes de mí que se alejan y se encuentran...

O por lo menos quiero creer que ya estáis juntas, 
lejos de mí en este mundo, pero tan cerca.



Sois seres de luz que guiaréis mi camino.



Esperadme ese día:
una de pie, la otra a cuatro patas.

Os imagino y me parece el sueño más bonito del mundo.


Gracias por todo.



Teo
18 octubre 2016

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