lunes, 13 de febrero de 2017








Hoy he soñado contigo.

Un sueño-pesadilla de esos que te despiertan angustiada.



La historia era dulce al principio. 

Mi madre te había encontrado después de unos días perdida.
No recuerdo, o en el sueño no sale, cómo ni dónde, pero el caso es que 
felizmente te habíamos recuperado.
La alegría no tiene rival. Nada se compara al momento 
de volver a ver tu cara, esos ojos tan puros, 
tu mirada y tu cuerpecito redondo,
tu pelo, tus patas...



Un giro dramático de la historia.


Apenas celebrado tu regreso,
sales en estampida 
de mi antigua casa materna 
donde tú nunca viviste (rarezas de los sueños).
Bajas los ocho escalones que separan 
el piso de la calle, corriendo a más no poder,
sin atender a razones, ni a mi llamada.
Te escapas. Te vas. 



Salgo detrás de ti acelerada.
No consigo alcanzarte
ni ver qué dirección has tomado.
El aire frío pega en mi rostro.
Cruzo la carretera e intento localizarte.
Los coches casi me atropellan y tengo que sortearlos.
Me asusto. Tiemblo. Me aterra perderte otra vez.

Sigo buscándote. No hay rincón en el barrio que no mire.
Pregunto. Me alejo más de la zona. No te encuentro. Lloro desesperada.
¿Y si te pilla un coche? ¿Y si te alejas tanto que no sabes volver?
¿Dónde puedo ir? Doy vueltas, vuelvo sobre mis pasos... Nada.




Te he perdido. 
No estás. 
              



Sueño versus realidad (?)






Teo
13 febrero 2017




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